Saltar navegación

UDI_11_LING_teoria

2º ESO PMAR. ÁMBITO LINGÜÍSTICO.

UDI 11. EL TEATRO.

shakespeare


Características generales: texto dramático

 

Comencemos por la primera dimensión, el texto y sus constituyentes: autor, diálogos, monólogos, acotaciones, personajes, apartes… y su natural interlocutor, el lector.


• El autor elabora un texto escrito, es el creador de la historia y de los personajes; elige el tono y el lenguaje de la pieza; incluye elementos como el movimiento, el espacio, los gestos y construirá su discurso en prosa, generalmente dialogado y descriptivo en las acotaciones; pero puede introducir el verso ocasionalmente.

Hay épocas de la Literatura en que este género se escribía de manera predominante con formas estróficas: Lope de Vega, Calderón de la Barca o el Duque de Rivas, quien en su Don Álvaro o la fuerza del sino mezcla verso y prosa.

• El diálogo es el modo de comunicación entre los personajes que intervienen en la obra dramática. Ante la inexistencia de un narrador que otorgue la palabra, cada personaje se expresa directamente y manifiesta su individualidad, dando réplica a su interlocutor. A través de los diálogos conocemos el carácter y la manera de pensar de cada personaje: lo externo, lo aparente o lo profundo de quienes afrontan las situaciones dramáticas.

• El monólogo suele estar protagonizado por uno de los personajes que queda a solas en el escenario; a través de él aflora su mundo interno, oculto, ignorado por los demás integrantes del drama: pensamientos o reflexiones que dirige al público lector. En ocasiones, el monólogo contiene implícito el desenlace e incorpora el clímax.

• Las acotaciones son indicaciones que no pronuncian los personajes; desempeñan un papel importante en la construcción del género dramático y es un recurso que permite al autor precisar el lenguaje directo de los personajes con indicaciones relativas a su intención, a las acciones que lo acompañan, al ambiente en que se pronuncia… Generalmente, la acotación va entre paréntesis y hay una gran variedad, desde las meramente funcionales, totalmente asépticas; hasta las esperpénticas o poéticas, dotadas de valor literario propio, que aportan una visión muy personal del autor respecto de su obra: Valle Inclán en Luces de Bohemia o García Lorca en La casa de Bernarda Alba; otras veces con valor de comicidad añadido al texto, así las intromisiones de Mihura en la acción dramática en Tres Sombreros de Copa.

• Existen textos teatrales en los que no se utiliza este recurso, sino que es el parlamento directo de los personajes el que suple las indicaciones susceptibles de ser señaladas por la acotación. En estos casos el autor exige un lector atento a la evolución de cada personaje: a sus palabras, lo que dice y cómo lo dice; a las modulaciones de sus enunciados, exclamaciones, interrogaciones; a los mensajes implícitos que el lector ha de leer entre líneas, en definitiva, será la interacción personaje-lector la que guíe la interpretación del texto.

• A través de los apartes el personaje –en la representación se dirige al público, generalmente hablando en voz baja y fingiendo discreción o complicidad–, muestra su verdadero sentir y pensar en torno a una situación determinada; lo hace ante el resto de personajes que están con él en escena, pero sin que éstos se den cuenta, de modo que quedan al margen. Muchas veces denotan actitudes maliciosas, hipocresía o la expresión de lo opuesto a lo que se desarrolla en la escena. Tienen gran relevancia en el teatro del Siglo de Oro, con una predominante función cómica.

Las nociones de tiempo y espacio son, pues, determinantes. Una obra de teatro no se puede ver dos veces de igual manera debido a los elementos subjetivos de los actores, del director, la escena y la composición del público.


Géneros teatrales: tragedia, comedia y drama


Los tres géneros fundamentales que luego heredará todo el teatro occidental surgen en Grecia: tragedia, comedia y drama satírico.

La tragedia presenta el conflicto entre un héroe –personaje central cuya grandeza le hace traspasar todos los límites para caer en la arrogancia– y la adversidad, ante la cual sucumbe, atrayendo la ruina y la ira divina.

Es frecuente el tema de la angustia y la liberación por medio de la desgracia y la muerte. Lo sublime del asunto requiere idealización de ambiente y lenguaje elevado. El desenlace es doloroso y recibe el nombre de catástrofe o catarsis. Son las pasiones humanas que salen purificadas, poniendo vivamente de relieve el problema del ser humano y su destino.

Más diferente es la comedia, juego alegre que busca el regocijo mediante la presentación de conflictos supuestos, situaciones falsas o personajes ridículos. En ella la acción es inventada y fantástica y, casi siempre, se resuelve con un feliz desenlace: si un personaje era vejado o escarnecido producía risa y no lágrimas. Sin embargo, también este género como reflejo teatral de la vida diaria, buscaba la salvación y la liberación y criticaba la opresión presente. Los personajes de la comedia son, por lo general, individuos corrientes. El héroe cómico, protagonista de una complicada trama que da lugar a equívocos, logra con sus astucias sacar adelante su plan fantástico.

El drama posee una posición equidistante entre tragedia y comedia: no rehúye las situaciones cómicas o el desenlace trágico. Como la tragedia, presenta un conflicto doloroso pero que no sitúa en el plano ideal, sino en el mundo de la realidad, con personajes menos grandiosos que los héroes trágicos y más cercanos a la gente corriente como en la comedia. El drama puede ser histórico, teológico o de tesis, cuando defiende una teoría filosófica, moral, política. Si el análisis se concentra en las cualidades del alma, se denomina drama psicológico.

El drama satírico desarrollaba temas de carácter heroico-legendario, pero el coro de sátiros era el encargado de producir efectos cómicos. El coro era un elemento primordial en el teatro griego, venía a ser una especie de personaje colectivo con múltiples funciones: comentar la acción, conciencia o recuerdo del personaje que habla; adivinador que predice los acontecimientos; narrador con reflexiones filosóficas, morales o adivinatorias.

El dramaturgo gallego RAMÓN DEL VALLE INCLÁN aportó una plástica clasificación de los tres géneros dramáticos.

Para él, en la tragedia el autor considera a los personajes superiores a la naturaleza humana (los mira de rodillas); en el drama les atribuye la común naturaleza humana (los mira frente a frente); y en la comedia los juzga inferiores a él, burlando o ironizando sobre ellos (los mira desde arriba).


Las innovaciones escénicas del siglo XX

Ya en la época medieval y la renacentista el espectáculo y la ejecución escénica rebasaban la importancia del texto literario. En la España del siglo XVII aparecen los “corrales de comedias” construidos específicamente para las representaciones (locales a cielo abierto; de planta cuadrada o rectangular a uno de cuyos lados se coloca el escenario y patio alrededor del cual se levantaban varios pisos de galerías).

La escenografía era inicialmente muy simple, reducida a telones de fondo pintados, para pasar a una gran complicación escénica en tiempos de Calderón de la Barca.

Con el tiempo se construyeron locales cerrados, siguiendo el modelo de los teatros italianos renacentistas (escenario, foso para la orquesta, platea y pisos en forma de herradura). Esta forma, si bien ya se había extendido durante el siglo XVI, no se impone hasta el siglo XIX, y es la que se conserva hoy.

El edificio cerrado, supone una total independencia del clima y de la luz natural y la incorporación de nuevos elementos a las representaciones teatrales.

Después, ningún siglo como el XX ha dado un lugar tan relevante a la representación y la ejecución escénicas.

La revolución dramática del XX ha afectado más a la escena que al texto, de manera que es preciso hablar de géneros de representación más que de géneros teatrales.

A principios de siglo hay algunas aportaciones importantes e influyentes en todo el teatro en su doble naturaleza de género literario y espectáculo:


teatro simbolista, que intenta trascender la realidad sugiriendo lo invisible, creando atmósferas poéticas y dando entrada al misterio;

teatro expresionista, que distorsiona la realidad, sacude la sensibilidad del espectador con ánimo de protesta y, frente a la naturalidad, acentúa la teatralidad de los recursos escenográficos y de interpretación, con este teatro se relacionan los esperpentos de Valle-Inclán;

teatro onírico, violentas rupturas con las convenciones del teatro tradicional.

Precisamente será en la primera mitad del siglo XX cuando convivan los efectos más espectaculares en la escenografía, mediante complicados dispositivos mecánicos, con la sencillez más desnuda y depurada, tendiendo al uso de escenarios casi abstractos, de formas geométricas, sobre todo en el teatro moderno y experimental y, curiosamente, en muchas adaptaciones de los clásicos. Es imposible encontrar un denominador común para toda la producción teatral de nuestro tiempo. Las escenificaciones son tan variadas, tan contradictorias, tan individuales como son las mismas obras de los dramaturgos.

Algunas de las modernas corrientes escénicas son:

el teatro épico de BERTOLD BRECHT, que pretende provocar la reflexión en el espectador y para ello se usan toda clase de recursos: bailes, narrador, alejamiento del actor hacia su papel, uso de la 3ª persona, como si la obra no fuese dramática, sino épica; el teatro del absurdo, donde la novedad está en sus formas de expresión dramática: situaciones ilógicas, acciones incoherentes, personajes vacíos o sin rasgos humanos en un marco insólito o entre objetos extraños, todo ello símbolo del absurdo existencial; y

el teatro experimental, en el que no se habla tanto de autores como de creaciones escénicas y de grupos o creaciones colectivas: especial importancia se da a los elementos plásticos y sonoros, además de la incorporación de elementos y técnicas de otros tipos de espectáculo.

Hay un común denominador en este teatro: el deseo de hacer participar al público, lo que conduce a una nueva relación espectáculo-espectador que conlleva la improvisación conjunta de actores y público a partir de cualquier acontecimiento. En algunas representaciones se discute con los espectadores o se les invita a intervenir para modificar el desarrollo de la acción. Como consecuencia, se rompe la tradicional separación escenario y patio de butacas. En la actualidad continúa la búsqueda de nuevas formas dramáticas al margen del teatro comercial. Lo caracteriza la primacía dada al espectáculo por encima del texto literario.