Cuando se diseña una estructura, deben tenerse en cuenta varios factores: la función para la que se diseña, las fuerzas o cargas que va a soportar, los materiales utilizados en su construcción… En cualquier caso, todas las estructuras han de cumplir tres condiciones: deben ser estables, resistentes y rígidas.
Una estructura ha de ser estable, es decir, debe mantener su equilibrio y funcionalidad cuando está sometida a fuerzas externas. La estabilidad depende de un punto muy particular que tienen todos los cuerpos, su centro de gravedad, de modo que una estructura gana estabilidad si:
Una estructura ha de soportar las cargas y los esfuerzos a los que está sometida sin romperse. La resistencia depende de muchos factores, pero entre ellos destacan:
La rigidez es la capacidad de una estructura de mantener su forma, sin deformarse, al aplicar cargas y soportar esfuerzos. La rigidez se consigue:
Soldando uniones
Utilizando triangulaciones
Al construir grandes estructuras, como edificios o puentes, se ha de tener en cuenta que no se persigue la rigidez total, ya que las grandes cargas a las que están sometidas pueden provocar roturas, principalmente, debido a:
Cambios de temperatura, que provocan dilataciones en los elementos de la estructura.
Movimientos sísmicos o movimientos del terreno, que requieren que la estructura cuente con cierta flexibilidad.