El balance de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para Italia: gran pérdida de soldados combatientes y adquisición de una gran deuda para financiar la guerra. El resultado en los tratados de paz no fue satisfactorio. No recibió los territorios prometidos. Aumentó, además, el paro. Campesinos y obreros se rebelaron con huelgas y ocupación de fábricas. Las clases medias y altas temieron que se produjera una revolución comunista. Los partidos políticos no supieron hacer frente a la situación y la población empezó a apoyar a partidos extremistas:
- a la izquierda, el Partido Comunista
- a la derecha, los fasci italiani di combattimento, conocidos como camisas negras, dirigidos por Benito Mussolini.
Surge, pues, en Italia el fascismo italiano, que da nombre al movimiento. Su líder, Benito Mussolini, un antiguo socialista, creó el Partido Nacional Fascista. El fascismo se desarrolló gracias al clima de descontento que había entre los italianos por la inestabilidad política y por las fuertes tensiones sociales entre el movimiento obrero y los empresarios.
En 1922, Mussolini organizó la Marcha sobre Roma, en la que miles de fascistas desfilaron por la capital exigiendo el poder. El rey de Italia aceptó y entregó el gobierno a Mussolini. En los años siguientes este desmontó el sistema parlamentario y fue librándose de sus adversarios, creando poco a poco un régimen totalitario que se prolongaría hasta el final de la II Guerra Mundial.
