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Las trincheras

Texto recuperado del libro de Santillana 4ºESO

Cómo era la vida en las trincheras

Elton John

En 1983, Elton John, compuso 'All quiet on the western front' que habla de trincheras húmedas y del desconcierto de un soldado ante la barbarie, después leer una novela que le impresionó y que está de nuevo de actualidad gracias al cine: Sin novedad en el frente, del alemán Erich Maria Remarque.

Portada de Sin novedad en el frente

Esta obra está ambientada en la Primera Guerra Mundial, basada en parte en su propia experiencia como soldado del ejército de su país, al que se unió en 1917 con 18 años. Esta historia se ha llevado al cine y a la televisión en varias ocasiones pero ha sido con la versión de Netflix, filmada en alemán, cuando ha acaparado la atención internacional. Ha conseguido cuatro premios Óscar, entre ellos, a mejor película extranjera y banda sonora original.

Lectura facilitada


Todo tranquilo en el frente occidental, nadie vio
Un joven dormido en el suelo extranjero, plantado por la guerra
Siente el pulso de la sangre humana derramando
Vea cómo los tallos de Europa se doblan bajo la fuerza.

Todo tranquilo.
Todo tranquilo.
Todo tranquilo en el frente occidental.

Tan cansado del dolor de este jardín, a nadie le importa.
Un viejo beso a la pequeña cruz blanca, su único recuerdo.
Vean volar la ofensiva prusiana, ¿no éramos grandiosos?
Para colocar la sensación de acero afilado frío en sus manos.


Se ha ido todo tranquilo en el frente occidental,

los ángeles masculinos.

Fantasmas flotan en una trinchera inundada mientras Alemania muere.


Fiebre cosecha las flores de Francia, chicos de pelo rubio.
Cuerda las arpas a la voz de Victory, sonido alegre.

Apoyo visual

Ramón María del Valle-Inclán

Fotografía de Ramón María del Valle-Inclán tomada por un autor desconocido


Nacido en la localidad pontevedresa de Villanueva de Arosa en 1866, y muerto en Santiago de Compostela en 1936. Dramaturgo, poeta y novelista, es uno de los más importantes autores de la literatura española del siglo XX.

En 1916, visitó el frente francés, incluyendo Verdún, como corresponsal de El Imparcial, plasmando sus impresiones en crónicas de guerra. Defendió la entrada de España en la guerra del lado aliado y criticó la postura inactiva de los políticos españoles.

Publicó La media noche que es una compleja reescritura de aquella vivencia, a la luz de la «poética estelar» o «visión astral» que preocupó al escritor.

Portada de La media noche
Portada de La media noche

Texto 1: El sentido de La media noche

El 27 de abril de 1916, en plena Guerra Mundial, Ramón del Valle-Inclán viajó a Francia, donde permaneció dos meses, durante los cuales realizó varias visitas al frente de guerra, que compaginó con breves estancias en París. Escribió para El Imparcial sus impresiones de guerra. Luego escribió La media noche, una obra innovadora cuya pretensión deja ver en las primeras páginas:

Era mi propósito condensar en un libro los varios y diversos lances de un día de guerra en Francia. Acontece que, al escribir de la guerra, el narrador que antes fue testigo, da a los sucesos un enlace cronológico puramente accidental, nacido de la humana y geométrica limitación que nos veda ser a la vez en varias partes. Y como quiera que para recorrer este enorme frente de batalla, que desde los montes alsacianos baja a la costa del mar, son muchas las jornadas, el narrador ajusta la guerra y sus accidentes a la medida de su caminar: Las batallas comienzan cuando sus ojos llegan a mirarlas: El terrible rumor de la guerra se apaga cuando [6] se aleja de los parajes trágicos, y vuelve cuando se acerca a ellos. Todos los relatos están limitados por la posición geométrica del narrador. Pero aquel que pudiese ser a la vez en diversos lugares, como los teósofos dicen de algunos fakires, y las gentes novelescas de Cagliostro, que, desterrado de París, salió a la misma hora por todas las puertas de la ciudad, de cierto tendría de la guerra una visión, una emoción y una concepción en todo distinta de la que puede tener el mísero testigo, sujeto a las leyes geométricas de la materia corporal y mortal. Entre uno y otro modo habría la misma diferencia que media entre la visión del soldado que se bate sumido en la trinchera, y la del general que sigue los accidentes de la batalla encorvado sobre el plano. Esta intuición taumatúrgica de los parajes y los sucesos, esta comprensión que parece fuera del espacio y del tiempo, no es sin embargo ajena [7] a la literatura, y aun puede asegurarse que es la engendradora de los viejos poemas primitivos, vasos religiosos donde dispersas voces y dispersos relatos se han juntado, al cabo de los siglos, en un relato máximo, cifra de todos, en una visión suprema, casi infinita, de infinitos ojos que cierran el círculo. Cuando los soldados de Francia vuelvan a sus pueblos, y los ciegos vayan por las veredas con sus lazarillos, y los que no tienen piernas pidan limosna a la puerta de las iglesias, y los mancos corran de una parte a otra con alegre oficio de terceros; cuando en el fondo de los hogares se nombre a los muertos y se rece por ellos, cada boca tendrá un relato distinto, y serán cientos de miles los relatos, expresión de otras tantas visiones, que al cabo habrán de resumirse en una visión, cifra de todas. Desaparecerá entonces la pobre mirada del soldado, para crear la visión colectiva, la visión de todo el pueblo [8] que estuvo en la guerra, y vio a la vez desde todos los parajes todos los sucesos. El círculo, al cerrarse, engendra el centro, y de esta visión cíclica nace el poeta, que vale tanto como decir el Adivino.

Consultar en Cervantes Virtual

La obra son 40 breves capítulos, a modo de estampas o fogonazos que nos da una visión de la guerra desde distintos ángulos y puntos de vista. Refleja una visión coral del crudo conflicto, proyecto que nació de sus vivencias como testigo y periodista cubriendo la Gran Guerra.

Puedes ver en este estudio La estructura concéntrica en La media noche de Valle-Inclán la simbología y la compleja construcción de la obra en relación con la concepción de la perspectiva en el autor.

Texto 2: Visión de rodillas. Las trincheras

Las trincheras son zanjas barrosas y angostas. Amarillentas aguas de lluvias y avenidas [13] las encharcan. Se resbala al andar. Los ratones corren vivaces por los taludes, las ratas aguaneras por el fondo cenagoso, y ráfagas de viento traen frías pestilencias de carroña. En el talud de las trincheras los zapadores han cavado hondos abrigos donde se guarecen escuadras de soldados, y en los lugares más propicios para las escuchas y centinelas, silos con miraderos disimulados entre pedruscos y ramajes. Desde estas atalayas se hace la descubierta de las líneas enemigas, y los artilleros, comunicándose por sus teléfonos, regulan el tiro de los cañones, siempre emplazados más atrás que las primeras defensas. Ante los dos fosos enemigos se tienden campos de espinosas alambradas, y hay esguevas donde los muertos de las últimas jornadas se pudren sobre los huesos ya mondos [14] de aquellos que cayeron en los primeros días de la invasión. La tierra en torno está como arada. La metralla taló los árboles y abrasó la yerba. Del fondo de las trincheras surgen cohetes de luces rojas, verdes y blancas, que se abren en los aires de la noche oscura, esclareciendo brevemente aquel vasto campo de batallas. Corre un alerta desde los cantiles del mar norteño, hasta los bosques montañeros que divisan el Rhin.

Texto 3: Visión de pie

Desde el comienzo de la guerra resplandecen todas las noches las hogueras de Metzeral. En los pórticos de las iglesias, bajo las rotas arcadas, se guarecen mujeres y niños. Las vacas de un establo andan perdidas sonando las esquilas. En las calles abandonadas, se amontonan huchas, camas y ropas. Un matrimonio con dos niños mira arder su casa, al abrigo [28] de otras casas en ruinas. El hombre tiene en brazos al más pequeño, y la mujer llora con los dedos enredados en la mata despeinada. El infante se queja con un balido, y el padre le contempla sin hablar, llenos de tristeza los ojos. A su lado, con la cabeza sobre un cesto boca abajo, duerme una niña: El padre la ha cubierto con su chaquetón, y asómanle los pies calzados con zuecos y medias azules. La madre se levanta con un repente, y descubre el rostro pálido del pequeño. -¡Se muere! ¡Se muere! ¿No ves que se muere? ¡Ya no tenemos hijo! El hombre calla, y la mujer mira al marido: -No puede ser que le tengas constantemente... Debes estar muerto... ¡Dámele! El hombre mueve la cabeza. Entonces la mujer llora: [29] -¡Qué horror de guerra! ¡Éramos tan felices! La pequeña se revuelve bajo el chaquetón, se incorpora sobresaltada, dando gritos: -¡Se murió nuestro bebé! ¡Se murió nuestro bebé! El padre murmura sombriamente *sombríamente*: -¡Aun no! También responde el balido triste. La madre arrebata al niño de los brazos del padre: El niño tuerce los ojos, tiene una sacudida, y de la nariz afilada le afluye un hilo escaso de sangre negra. La hermana sigue gritando: -¡Se murió nuestro bebé! ¡Se murió nuestro bebé! El padre la toma en brazos y pega su rostro contra el rostro de ella: [30] -¡Calla, hija mía! ¡Calla! La pequeña comprende, y, sofocando los sollozos, besa suave, suavemente, la barba del padre. Pero luego torna a suspirar: -¡Se murió nuestro bebé!

Texto 4: Visión desde el aire

Las bombas caen en lluvia sobre las trincheras alemanas, las desmoronan, las escombran, las arrasan: Es un ciclón de fuego. Y la artillería teutona, si responde rabiosa en unos parajes, en otros calla impotente para cubrir la extensa línea que los aliados atacan. Sus parapetos están llenos de muertos, y los soldados atónitos, huraños a los jefes, esperan el ataque de la infantería enemiga, sin una idea en la mente, ajenos a la victoria, ajenos a la esperanza.

[...]

En la retaguardia de las trincheras se tienden bosques quemados por los gases asfixiantes, granjas saqueadas, aldeas [113] en escombros, iglesias con el campanario mocho... Es una sucesión de imágenes desoladas que no se interrumpe desde la costa norteña a los montes de Alsacia.

En los atrios de las viejas ciudades estallan las granadas, caen las piedras de las catedrales, los pórticos coronados de santos tiemblan en sus cimientos, se rompen los rosetones, y las golondrinas vuelan asustadas por las naves desiertas. En la luz del día que comienza, la tierra mutilada por la guerra, tiene una expresión dolorosa, reconcentrada y terrible.

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