Escenas X y XI
ESCENA X
LALO Y SANDOVAL
LALO. (La mira ir. Le desborda una alegría sincera, llena de admiración). ¡Qué mujer! Las eras de Castilla…, cantar contra el viento y contra el sol… ¡Qué mujer!
(Entra Sandoval, médico viejo, encogido y pulcro. Cartera de documentos al brazo).
SANDOVAL. Perdone… ¿La señorita Natalia Valdés?
LALO. ¿Natacha?
SANDOVAL. No sé, quizás.
LALO. ¡Extraordinaria mujer! Hablemos de ella, querido, hablemos de ella.
SANDOVAL. Permítame que me presente: Félix Sandoval, médico y secretario del Reformatorio de las Damas Azules.
LALO. Mucho gusto. Lalo Figueras, estudiante de medicina; profesor de optimismo de la casa.
SANDOVAL. ¿Profesor de optimismo?
LALO. Acaban de nombrarme. Veintiuno de junio. Día de plenitud. Señalémoslo con piedra blanca, mi querido don Félix. (Se pone una flor en el ojal). ¡Mire que hermosa luz de poniente! ¡A estas horas se habrá firmado ya mi suspenso en Medicina Legal!
SANDOVAL. Usted perdone… ¿Es en la Residencia de Estudiantes donde estoy?
LALO. En la Residencia es. El día del solsticio estío; con veintidós grados a la sombra, en una habitación llena de flores… ¿Le pongo una? (Lo hace mientras sigue hablando). ¡Y para hablarme de Natacha! ¡Oh, Natacha es la mujer más encantadora de la tierra! ¡Si viera usted qué calabazas acaba de darme!
SANDOVAL. (Inquieto). ¿Sí? … Je, je…
LALO. ¡Y con qué sinceridad! ¡Con qué compañerismo! ¡Ah! Ella me ha abierto los ojos; yo no sabía que la gente se estaba muriendo a montones en las eras de Castilla. Hay que evitar eso a todo trance… ¿Usted sabe tocar la guitarra?
SANDOVAL. (Francamente amedrentado). ¿La guitarra?… No todavía no… Pero aprenderé, aprenderé. Buenas tardes. (Sale).
LALO. Adiós, don Félix. Simpático don Félix. Adiós…
(Canta):
«Pero la infiel se burlaba
¡pumba!
de mi amor;
¡zas!»
ESCENA XI
LALO, FLORA, RIVERA Y AGUILAR, DON SANTIAGO. LUEGO NATACHA Y MARIO
(Entran FLORA, RIVERA, y AGUILAR. Enseguida, DON SANTIAGO. Traen más chucherías, flores y botellas). (Entran Natacha y Mario. Don Santiago por el lado opuesto).
LALO. El señor Rector nos tiene prometida una buena noticia. Helo ahí.
DON SANTIAGO. En efecto: una gran noticia para todos vosotros, y para la Universidad. (Expectación). Nuestro viaje de estudios por el Mediterráneo ha sido acordado ya. Dentro de ocho días zarparemos en el «Ciudad de Cádiz».
VOCES: ¡Hurra don Santiago!
RIVERA: ¿Quiénes van por fin?
DON SANTIAGO: Irán representaciones de distintas Facultades. Por lo que se refiere a vuestro grupo, vais todos.
(Exclamaciones de alegría. Empiezan a descorcharse las botellas).
FLORA. Un crucero de dos meses. ¡Juntos!
LALO. El barco es magnífico. A lo mejor, hasta naufragamos.
FLORA. ¡Tocaremos en Atenas!
RIVERA. ¡Llegaremos al Mar Rojo!
LALO. Y veremos Egipto, Mario. Para mí, las pirámides; para ti, el escarabajo sagrado.
AGUILAR. Brindemos don Santiago.
DON SANTIAGO. Vosotros, vosotros. Yo no puedo ya beber nada. Ni quiero enturbiar vuestra alegría con mis años.
MARIO. (Levanta la copa). Estudiantes: por nuestro Rector…, el más viejo y el más querido de nuestros compañeros.
DON SANTIAGO. Gracias, gracias. (Sale mientras brinda LALO).
LALO. Por nuestro Rector, que ha organizado este maravilloso crucero; que ha elegido un espléndido barco, lo embreó bien de ilusiones por dentro y por fuera y metió un par de estudiantes de cada especie.
(Risas).
RIVERA. Brindemos por la compañera que hoy se nos va. ¡Que la doctora Natalia Valdés siga siendo siempre nuestra Natacha!
TODOS. ¡Nuestra Natacha!
Casona, A. (2015). Nuestra Natacha (pp. 47-50). Editorial Castalia.