Bebe vino precioso con mosquitos dentro.
Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más sabrosas,
que porque el fuego tiene mariposas,
queréis que el mosto tenga marivinos.
Aves luquetes, átomos mezquinos,
motas borrachas, pájaros vinosas,
pelusas de los vinos envidiosas,
abejas de la miel de los tocinos.
Liendres de la vendimia, yo os admito
en mi gaznate, pues tenéis por soga
al nieto de la vid, licor bendito.
Tomá en el trago hacia mi nuez la boga,
que bebiéndoos a todos, me desquito
del vino, que bebiste, y os ahoga.
Pierdes el tiempo, muerte, en mi herida
Pierdes el tiempo, muerte, en mi herida,
pues quien no vive no padece muerte;
si has de acabar mi vida, has de volverte
a aquellos ojos, donde está mi vida.
Al sagrado en que habita retraída,
aun siendo sin piedad, no has de atreverte;
que serás vida, si llegase a verte,
y quedarás de ti desconocida.
Yo soy ceniza que sobró a la llama;
nada, dejó por consumir el fuego,
que en amoroso incendio se derrama.
Vuélvete al miserable, cuyo ruego,
por descansar en su dolor, te llama,
que lo que yo no tengo, no lo niego.