
El cigoñal
El origen de esta máquina simple basada en la palanca se le atribuye a los egipcios, ya que existen pinturas en la tumba del escultor Ipuy, gran entusiasta de la horticultura, durante el reinado de Ramsés II, y en las que aparece dibujado el cigoñal. Civilizaciones como la mesopotámica o los romanos lo emplearon también, lo que hizo que perdurara hasta nuestros días, si bien es cierto que la llegada de motores y bombas han hecho que hoy en día apenas se use.
Su utilidad era muy concreta, la extracción de agua de pozos o ríos, con un mínimo esfuerzo. Constaba de una pértiga que hacía la función de palanca, en uno de los extremos se ataba una cuerda o vara a la que a su vez se unía un cubo o recipiente en el que extraer el agua, en el otro extremo se colocaba cualquier cosa que pudiese hacer de contrapeso como piedras o maderas.
El punto de apoyo constaba de un palo en forma de Y o de dos palos verticales con uno horizontal sobre el que se apoyaba la palanca.
Para un buen funcionamiento, el contrapeso colocado debía de ser calculado de forma que el artilugio, con el cubo medio lleno de agua, estuviese horizontal, es decir, equilibrado, así la acción de elevar el agua prácticamente no requeriría de ningún esfuerzo, se empujaba el extremo con el recipiente hacia el agua, sujetándolo hasta que este se llenase, una vez lleno bastaría un pequeño tirón para que, por acción del contrapeso, el cubo lleno llegase a las manos de la persona.
También llamado cigüeña o cigüeñal en algunas partes de España, cambón o bimbastro en gallego, poalanca en catalán o shadoof en inglés tomado directamente de la transcripción de su nombre en árabe, shaduf.