3.10 El lenguaje literario: una obra teatral de Buero Vallejo
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Acto primero. (Don Manuel, padre de Elvira, sale vestido de calle. Los trajes de ambos denotan una posición económica más holgada que la de los demás vecinos.) Don Manuel. —(A Doña Asunción.) Buenos días. (A su hija.) Vamos. Doña Asunción. — ¡Buenos días! ¡Buenos días, Elvirita! ¡No te había visto! Elvira. —Buenos días, doña Asunción. Cobrador. —Perdone, señora, pero tengo prisa. Doña Asunción. —Sí, sí... Le decía que ahora da la casualidad que no puedo... ¿No podría volver luego? Cobrador. —Mire, señora: no es la primera vez que pasa y... Doña Asunción. — ¿Qué dice? Cobrador. —Sí. Todos los meses es la misma historia. ¡Todos! Y yo no puedo venir a otra hora ni pagarlo de mi bolsillo. Conque si no me abona tendré que cortarle el fluido. Doña Asunción. — ¡Pero si es una casualidad, se lo aseguro! Es que mi hijo no está, y... Cobrador. — ¡Basta de monsergas! Esto le pasa por querer gastar como una señora en vez de abonarse a tanto alzado. Tendré que cortarle. (Elvira habla en voz baja con su padre.) Doña Asunción. — (Casi perdida la compostura.) ¡No lo haga, por Dios! Yo le prometo... Cobrador. —Pida a algún vecino... Don Manuel. — (Después de atender a lo que le susurra su hija.) Perdone que intervenga, señora. (Cogiéndole el recibo.) Doña Asunción. — No, don Manuel. ¡No faltaba más! Don Manuel. — ¡Si no tiene importancia! Ya me lo devolverá cuando pueda. Doña Asunción. — Esta misma tarde; de verdad. Don Manuel. —Sin prisa, sin prisa. (Al cobrador.) Aquí tiene. Cobrador. —Está bien. (Se lleva la mano a la gorra.) Buenos días. (Se va.) Don Manuel. —(Al cobrador.) Buenos días. Doña Asunción. —(Al Cobrador.) Buenos días. Muchísimas gracias, don Manuel. Esta misma tarde... Don Manuel. — (Entregándole el recibo.) ¿Para qué se va a molestar? No merece la pena. Y Fernando, ¿qué se hace? (Elvira se acerca y le coge del brazo.) Doña Asunción. —En su papelería. Pero no está contento. ¡El sueldo es tan pequeño! Y no es porque sea mi hijo, pero él vale mucho y merece otra cosa. ¡Tiene muchos proyectos! Quiere ser delineante, ingeniero, ¡qué sé yo! Y no hace más que leer y pensar. Siempre tumbado en la cama, pensando en sus proyectos. Y escribe cosas también, y poesías. ¡Más bonitas! Ya le diré que dedique alguna a Esbirrita. Elvira. — (Turbada.) Déjelo, señora. Doña Asunción. —Te lo mereces, hija. (A Don Manuel.) No es porque esté delante, pero ¡qué preciosísima se ha puesto Elvirita! Es una clavellina. El hombre que se la lleve... Don Manuel. —Bueno, bueno. No siga, que me la va a malear. Lo dicho, doña Asunción. (Se quita el sombrero y le da la mano.) Recuerdos a Fernandito. Buenos días. Elvira. —Buenos días. (Inician la marcha.) Doña Asunción. —Buenos días. Y un millón de gracias... Adiós. (Cierra. Don Manuel y su hija empiezan a bajar. Elvira se para de pronto para besar y abrazar impulsivamente a su padre.) Don Manuel. — ¡Déjame, locuela! ¡Me vas a tirar! Elvira. — ¡Te quiero tanto, papaíto! ¡Eres tan bueno! Don Manuel. —Deja los mimos, pícara. Tonto es lo que soy. Siempre te saldrás con la tuya. Elvira. —No llames tontería a una buena acción... Ya ves, los pobres nunca tienen un cuarto. ¡Me da una lástima doña Asunción! [...] |
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[...] Don Manuel. — (Levantándole la barbilla.) El tarambana de Fernandito es el que a ti te preocupa. Elvira. —Papá, no es un tarambana... Si vieras qué bien habla... Don Manuel. —Un tarambana. Eso sabrá hacer él..., hablar. Pero no tiene donde caerse muerto. Hazme caso, hija; tú te mereces otra cosa. Elvira. — (En el rellano ya, da pueriles pataditas.) No quiero que hables así de él. Ya verás cómo llega muy lejos. ¡Qué importa que no tenga dinero! ¿Para qué quiere mi papaíto un yerno rico? Don Manuel. — ¡Hija! Elvira. —Escucha: te voy a pedir un favor muy grande. Don Manuel. —Hija mía, algunas veces no me respetas nada. Elvira. —Pero te quiero, que es mucho mejor. ¿Me harás ese favor? Don Manuel. —Depende... Elvira. — ¡Nada! Me lo harás. Don Manuel. — ¿De qué se trata? Elvira. —Es muy fácil, papá. Tú lo que necesitas no es un yerno rico, sino un muchacho emprendedor que lleve adelante el negocio. Pues sacas a Fernando de la papelería y le colocas, ¡con un buen sueldo!, en tu agencia. (Pausa.) ¿Concedido? Don Manuel. —Pero, Elvira, ¿y si Fernando no quiere? Además... Elvira. — ¡Nada! (Tapándose los oídos.) ¡Sorda! Don Manuel. — ¡Niña, que soy tu padre! Elvira. — ¡Sorda! Don Manuel. — (Quitándole las manos de los oídos.) Ese Fernando os tiene sorbido el seso a todas porque es el chico más guapo de la casa. Pero no me fío de el. Suponte que no te hiciera caso... Elvira. —Haz tu parte, que de eso me encargo yo... Don Manuel. — ¡Niña! |
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Buero Vallejo, Antonio, Historia de una escalera, Espasa Calpe, Madrid, 2006 |
Actividades propuestas
S38. En el siguiente cuadro, indique una característica de cada uno de estos personajes que aparecen en esta escena de Historia de una escalera.
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Personaje |
Características |
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S39. Escriba el texto de tres acotaciones de esta escena.
S40. Esta obra se publicó en 1949. ¿Cree que su temática sigue siendo actual?
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